Tú decides

Hace unos días me comentaba Begoña que a medida que iba rellenando el cuestionario que le había hecho llegar al contratar mi servicio de Análisis de Estilo se daba cuenta de que la imagen que proyectaba era pésima y no tenía nada que ver con ella, con quién era y con lo que quería transmitir a los demás.
[br top=”10″]Visible o invisible

Se sentía además absolutamente invisible y no solo a nivel de pareja y amistades, también en el ámbito laboral.

Ella culpaba a los años, ya había superado los 40, esa barrera psicológica que afecta tanto a muchas mujeres y a los kilos que había ido cogiendo, sin darse cuenta, en los últimos tiempos.

Al mirarse al espejo no se gustaba, no se veía y ese hecho condicionaba su día a día, su humor, su estado de ánimo, su autoestima…

Sea como fuere, se encontraba triste, desilusionada, frustrada y perdida.

Quería romper el círculo vicioso en el que se encontraba y aunque era consciente de que su imagen era en gran medida responsable de la situación, no se atrevía a dar el primer paso.

Temía lo que los demás pudieran pensar de ella si confesaba estos sentimientos y necesidades.

3 cosas la paralizaban especialmente:

1. El miedo a que la tacharan de frívola. Lo queramos o no, y a pesar de lo mucho que han cambiado las cosas, todavía hay quién asociada la preocupación por la imagen al deseo de lucir un cuerpo perfecto, tener medidas espectaculares y ser guapa.

2. Temía igualmente que le reprocharán que se preocupara por algo tan superficial como su imagen “con la que está cayendo”.

3. Y por último, le preocupaba que resultar atractiva pudiera comprometer en alguna medida su profesionalidad, seriedad y competitividad laboral.

Si tu no te valoras los demás no lo harán

Quizá pienses que el caso de Begoña es un hecho aislado y exagerado pero yo, que llevo años trabajando con mujeres, me encuentro a diario con muchas de ellas que están en un situación parecida.

[br top=”30″]Mujeres que han asumido con naturalidad anteponer los sentimientos de hijos, padres, pareja, compañeros… a los suyos propios. Mujeres que han asumido como un deber el prestar atención a las necesidades de los demás por delante de las de una misma.

Y en ese no darte importancia, no tenerte en cuenta, ignorar tus propios sentimientos, anhelos y necesidades te acabas volviendo invisible para ti misma y por supuesto para los demás.

Te abandonas… y dejas de cuidarte, atenderte y quererte.

Y un día te das cuenta que estás viviendo una vida que no te satisface, que no se parece ni por asomo a la que habías soñado y que no te hace feliz.

Lo bueno es que como Begoña, cada vez son más las mujeres que saben que cambiar esta situación es posible y están dispuestas a arriesgarse para conseguirlo…porque nunca han sido tan conscientes como ahora de quienes son y de qué es lo que quieren.

Mujeres que desean ser protagonistas de su vida y disfrutar de su cada momento. Porque…

“Si tú no te valoras difícilmente te van a valorar los demás”

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Así que si estás dispuesta a dejar de ser invisible y disfrutar de la vida que quieres, deja de ponerte excusas y da el primer paso. Nunca es demasiado tarde, ni demasiado, pronto para tomar las riendas y el control de tu vida.

Y si te sientes perdida y no sabes por dónde empezar, rellena el formulario que encontrarás en este enlace y valoremos de qué manera yo puedo ayudarte a lograrlo.

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